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Introducción
Al hablar de la apertura comercial en la economía mexicana es de gran importancia considerar todas las acciones de política económica que tienen relación con los cambios que se han dado en materia de promoción de intercambios comerciales del país con otras naciones, sin embargo aquí sólo nos interesa analizar este tema en lo referente al acuerdo de comercio signado entre Canadá, Estados Unidos y México, conocido como Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), este es un tratado multilateral puesto que intervienen más de dos contratantes. La realización de este análisis se justifica porque desde en un principio cuando se anunció que se iban a iniciar las negociaciones para dicho tratado despertó observaciones y polémicas importantes, hasta la fecha es éste tratado el que ha atraído más la atención y generado mayor controversia entre los analistas, por la razón de que es considerado como una experiencia inédita al estar integrado por dos países desarrollados (Estados Unidos y Canadá) y uno subdesarrollado (México), uno de aquellos es potencia mundial. También porque es un tratado que establece tratos iguales para naciones desiguales en sus condiciones económicas y sociales. En este contexto decidí compartir en estas páginas algunas reflexiones en torno a este tema con ustedes amigos lectores.
Cuando escribo, cualquiera que sea el tema, siempre me interesa hacer referencia a los aspectos históricos, en este caso no es la excepción. En este trabajo en primer lugar hago referencia a algunos datos de la historia de las negociaciones del TLCAN, posteriormente comento de manera general ciertos efectos que ha tenido en la economía de México, y por último hago un análisis, aunque en forma breve, de la situación de la agricultura dentro del TLCAN, puesto que considero, a manera de hipótesis, que en la economía mexicana es el sector agrícola el más afectado por dicho tratado.
Referencias históricas
Es desde el inicio del periodo presidencial de Miguel De la Madrid Hurtado, 1982, cuando se expresa con claridad la decisión de efectuar la apertura de la economía mexicana, comenzando una política de transformación de las estructuras e instituciones que en décadas anteriores habían salvaguardado al sistema económico nacional de la competencia extranjera. El modelo económico caracterizado como de desarrollo desde dentro se consideró viejo, caduco, infuncional y que había marcado de manera manifiesta sus límites.
Podemos considerar que el primer paso relevante en la apertura de la economía mexicana hacia el exterior se dio con el ingreso de México al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio o General Agreement of Tariffs and Trade (GATT por sus siglas en ingles) en 1986, ya que la adhesión a este organismo tuvo como objetivo incorporar al país a las políticas comerciales a nivel mundial.
Si bien es en el gobierno de De la Madrid cuando empiezan las pláticas para un acuerdo comercial con los países vecinos del norte, sin embargo, es dentro del periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari, entre 1990 y 1993, que se realizan los trabajos de negociación. En este sentido en “1987 se suscribió con Estados Unidos un Acuerdo Marco que establece principios y procedimientos de consulta para abordar los problemas bilaterales en materia de comercio e inversión. (...). El 22 de mayo de 1990 el Senado de la República entregó al Presidente los resultados del Foro Nacional de Consulta sobre las Relaciones Comerciales de México con el Mundo. En el documento se indican claramente la necesidad y la conveniencia para México de iniciar negociaciones para establecer un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Se señala también que los vínculos comerciales con Estados Unidos y Canadá tienen una importancia especial, derivada de la cercanía geográfica y de la intensidad de la relación económica. (...). El 12 de junio de 1991 se realizó en Toronto, Canadá, la I Reunión Ministerial, con la cual comenzó oficialmente el proceso de negociación del TLCAN. (...). El 12 de agosto de 1992 concluyeron oficialmente las negociaciones.”
El documento del tratado fue firmado por los presidentes de cada uno de los tres países participantes el 17 de diciembre de 1992, sin embargo se requería que lo ratificaran los órganos legislativos respectivos para que entrara en operación, el cual en México es ratificado por la Cámara de Senadores el 22 de noviembre de 1993.
El 1 de enero de 1994 entró en vigor el TLCAN, coincidiendo con el día en que apareció la guerrilla en Chiapas cuado se levantó en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Este es un tratado suscrito por Canadá, Estados Unidos y México, tres países que componen un área con grandes diferencias de clima, suelos y recursos humanos y naturales, así también de contrastantes grados de desarrollo y niveles de bienestar, no obstante a esto éste establece liberar el comercio mediante la eliminación gradual de los aranceles y las barreras no arancelarias en un plazo de 10 años, salvo ciertas excepciones para las que se acordó un máximo de 15 años.
En un contexto general se puede considerar que el TLCAN es una versión ampliada y profundizada del Acuerdo de Libre Comercio Canadá-Estados Unidos establecido desde 1989 entre estas dos naciones desarrolladas o industrializadas, al cual es adherido México, país subdesarrollado, en 1994.
Para nuestro país, entre los objetivos considerados al firmar el TLCAN son el aseguramiento del acceso de los productos de México a las otras dos naciones, dar certidumbre a los intercambios, elevar la competitividad del aparato productivo, atraer más inversiones y disponer de mejores tecnologías. Todo esto con el propósito de lograr un mayor crecimiento económico.
Efectos del TLCAN en la economía mexicana
Al finalizar el 2005 el TLCAN estará cumpliendo 12 años de haber entrado en vigor, por lo tanto llegará a un poco más de las dos terceras partes del periodo de 15 años establecido para la eliminación total de los aranceles y barreras no arancelarias al comercio. Este tiempo transcurrido es suficiente para realizar un análisis de evaluación de los efectos sobre la economía mexicana, para conocer si se están logrando los objetivos económico-sociales que sus partidarios declaraban hace 12 años o sí, al contrario, se han estado generando las amenazas que sus detractores presagiaban en ese tiempo.
Después de un poco más de una década de vigencia del TLCAN resulta interesante analizar su impacto en la economía de México. No tiene importancia un análisis en el que se considere a este tratado sólo como un instrumento que contiene un conjunto de reglas acordadas por los gobiernos de tres países para el intercambio comercial. Tampoco es relevante hablar de manera mecánica de efectos del TLCAN sobre la economía mexicana, porque se corre el riesgo de caer en un enfoque teórico determinista y estático, sino que resulta más importante analizar esto como un proceso dialéctico donde existe una relación de interacción. Es cierto que las acciones comerciales realizadas en base a lo establecido en el tratado generan cambios positivos o negativos en la economía, pero también es verdad que para el origen y permanencia de este pacto comercial se requirió y se requieren realizar cambios en la economía.
Con gran claridad a partir de 1982 el gobierno ha venido realizando modificaciones estructurales como la privatización de empresas paraestatales, disciplina del sector publico, liberación del comercio y tratamiento nacional a la inversión extranjera.
Por su parte Estados Unidos se interesó por el establecimiento del TLCAN por las ventajas que obtendría al generarle condiciones para consolidar su liderazgo económico, político y poder hegemónico bajo la perspectiva geopolítica y estratégica frente a la Unión Europea y Japón, puesto que a principios de la década de los noventa observaba debilitamiento. El origen del tratado no es casual y espontáneo, sino que responde a situaciones concretas de la realidad económica del área y a una nueva reorganización de la internacionalización del capital. “James Jones, Presidente Ejecutivo de la Consultora Manatt Jones Global Strategies, manifestó que el TLCAN se constituyó como un bloque que serviría para enfrentar a la región asiática, pues se espera que en 20 años sea una gran potencia económica.”
Si bien las grandes empresas en México han obtenido beneficios con el TLCAN, pero en términos generales la industria no ha logrado resultados positivos. En 1993 por cada dólar exportado, la economía mexicana requería de 79 centavos de importación, en 1999 esta proporción llega a 96 centavos, esto significa que en cinco años de vigencia del tratado aumentó el contenido importado de las exportaciones.
El TLCAN ha conducido a una mayor concentración del comercio exterior de México con Estados Unidos, en 10 años pasó a representar de 78 a más de 85 por ciento del total. Esta no es una situación técnica en la que sólo es un análisis de números, sino que tiene efectos sociales y políticos, puesto que su impacto consiste en que hace aumentar el grado de dependencia respecto a la economía norteamericano y por lo tanto acrecienta el nivel de vulnerabilidad de la economía mexicana. Por eso cuando existe recesión de la economía estadounidense surgen deducciones alarmantes de que en nuestro país habrá el mismo problema con más profundidad. Resulta verdad la expresión popular de que cuando Estados Unidos estornuda, a México le da pulmonía. No cabe duda que es importante aumentar las exportaciones a Estados Unidos, pero también es de gran importancia acrecentar y diversificar las mismas hacia otros países para que la economía de nuestra nación no sea tan vulnerable a los cambios económicos del país vecino.
El impacto del TLCAN en términos de generación de empleos y mejoramiento salarial y condiciones de vida ha sido muy limitado, entre otras razones, por la alta concentración de las exportaciones y por la falta de integración de las cadenas productivas. Según afirmación de Juan Bueno Tenorio, Subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresas de la Secretaría de Economía “sólo 500 compañías grandes realizan 51 por ciento de nuestras exportaciones totales, en contraste el 6 por ciento de las mercancías aztecas son comercializadas en los mercados foráneos por medio de 36 mil firmas pequeñas y medianas, el resto de las exportaciones mexicanas son realizadas por la industria maquiladora.” La situación actual de la economía de nuestro país nos hace observar que el TLCAN, la apertura comercial, no ha tenido importantes efectos positivos en el sentido en que no ha convertido a las exportaciones el motor del crecimiento económico. Los casi doce años de vigencia del tratado nos han enseñado que la gran importancia dada al desarrollo hacia afuera no permitieron lograr resultados favorables, por lo tanto debe considerarse como un complemento del desarrollo hacia adentro, es a éste al que tiene que darse prioridad. No se puede negar que el crecimiento del comercio exterior es importante para que la economía mexicana crezca, pero es necesaria su diversificación de orígenes y destinos, al mismo tiempo poner mucho énfasis en el fortalecimiento del aparato productivo nacional, es decir, llevar acabo interiormente todas las acciones para tener fortaleza ante la apertura comercial.
Se han estado realizando acciones en la concertación de otros tratados de libre comercio, sin embargo, éstos por sí solos, aunque generan cambios en las relaciones con el exterior, no harán mejorar la economía de nuestra nación si no existen modificaciones al interior reestructurando, innovando la planta productiva. “Los 11 tratados de libre comercio que México acumuló en más de una década con 32 países del mundo, no lograron terminar con la balanza comercial deficitaria de nuestro país.” Como a cualquier otra actividad económica, al comercio exterior no se le debe de dar un trato parcial, sino como parte de todo un conjunto de factores que conforman el desarrollo económico de nuestro país, sin embargo, al parecer se soslaya el verdadero efecto final que tiene el sector externo en la economía nacional como parte de una totalidad. “De manera innecesaria, los gobiernos mexicanos han intensificado la búsqueda de negociaciones comerciales con el mundo. Habría que cuestionar la pertinencia de que se dediquen esfuerzos, tiempo y recursos en la negociación de más tratados comerciales, cuando los que ya existen no han logrado que México reduzca su dependencia comercial con la potencia del norte, con la que ejerce 90 por ciento de su comercio exterior.”
En lo que respecta a la agricultura, la historia nos ha mostrado que es fuente de recursos para el desarrollo mediante el abasto barato de bienes de consumo y de materias primas para las necesidades internas y para la exportación, por lo tanto es importante la atención al sector agropecuario para generar mejores condiciones de integración. Una mayor inversión en infraestructura y tecnología agrícola permitirá lograr alta productividad, mayor producción, competitividad y bienestar social.
El tema de la agricultura mexicana también está dentro del TLCAN, sabemos que es donde más problemas han existido, con frecuencia hemos escuchado que es a ésta a la que más perjuicio ha causado el tratado. El campo mexicano ya está enfrentando severos problemas por las importaciones de muchos productos más baratos. “Se importan entre diez y 11 millones de toneladas de granos básicos, es decir el 40 por ciento del consumo nacional, con una tendencia a la alza para adquirir productos extranjeros. Tan sólo de maíz entra una cuota de seis millones de toneladas, de frijol es muy elevada y de arroz, ingresa hasta el 90 por ciento de la demanda nacional, es decir, los granos básicos que consumen los mexicanos en su mayoría vienen de otros países.”
Se corre el riesgo de que estos problemas continúen y se agudicen ya que en el TLCAN se establece que en un plazo de 15 años contados a partir del 1 de enero de 1994 todos los productos del sector agropecuario de Estados Unidos y Canadá entrarán libres de restricciones al mercado mexicano. Erróneamente se consideró que a lo largo de dicho periodo los productores agrícolas mexicanos se volverían eficientes y competitivos. No se tomó en cuenta las diferencias de clima, suelo, tecnología y otros factores que son determinantes en la productividad, tampoco se dio importancia al hecho de que tanto en Estados Unidos como en Canadá sus respectivos gobiernos subsidian la producción destinando recursos fiscales iguales a la aportación que el sector agrícola hace al producto interno bruto. “Los productores nacionales de semillas no se oponen al libre comercio, pero sí demandan reglas y normas específicas para que la competitividad por el mercado sea equitativa y no se desmantele al campo mexicano por la invasión de productos extranjeros con altos subsidios. Mientras que en México se destinan alrededor de cien dólares por hectárea de sembradíos, en Estados Unidos son entre 500 y 600 dólares.
A lo largo de casi doce años de vigencia del TLCAN han ocurrido cambios trascendentales en la política agrícola de México que en lugar de impactar favorablemente han tenido efectos negativos: eliminación de los precios de garantía, reducción del presupuesto, desaparición y reorganización de instituciones de apoyo al campo. Lo más reciente es que el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) está en la lista de organismos a desincorporar en el programa económico del gobierno federal. La Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) se transforma en Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) para apoyar a la agricultura moderna y producción de gran escala en el marco del tratado. A través de ésta el gobierno federal apoya a los productores agrícolas con potencial por aprovechar, esto es que tengan infraestructura, agua, tierra en extensión y calidad que puedan mejorar; en tanto que la Secretaría de Desarrollo Social se encargará de los campesinos con parcelas comercialmente inviables, esto significa que a la mayoría de los productores del campo solo se les apoya de manera asistencial.
Significa que de manera técnica se está estratificando al campo en dos tipos de productores: por un lado el que produce excedentes comerciables con financiamiento para capitalización y con viabilidad para el modelo de gran explotación agrícola que pueda sostenerse ante la apertura comercial; por el otro, el minifundista pobre al que se le financia con programas asistenciales.
Cronología de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, Revista Comercio Exterior, volumen 42, número 9, septiembre de 1992.
Ivette Sadaña, El Financiero, 27 de mayo de 2005, p. 10.
Isabel Becerril, Felipe Gazcón, El Financiero, 27 de febrero de 2002.
Ivette Saldaña, El Financiero, 21 de noviembre de 2003.
Javier Rodríguez Gómez, El Financiero, 3 de noviembre de 2003.
Oved Contreras / Finsat, El Financiero, 27 de octubre de 2003.
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