| |
Salió a caminar temprano, todavía era de madrugada, un poco de frío y una nota en su cabeza. Román no salió con su guitarra esa mañana. Un malestar en el lado derecho de la cabeza. Un doctor. Disminuir el paso. Natalia lo esperaría. Pasó al lado del hospital del neurólogo que lo revisaría. Más dolor. Natalia comprendería. Entró a la recepción. Tome asiento. Miedo. Mejor salir corriendo. No. Es mejor saber.
- ¿Me permite pasar al baño? – preguntó Román a la enfermera-
- Por aquí… - La enfermera lo condujo por un pequeño pasillo, alumbrado con tenue luz blanca-.
Todo blanco, todo limpio. Entró al cuarto de baño y en cuanto cerró la puerta buscó rápidamente el retrete. Vómito. Mojó su rostro en el lavamanos y enjuagó su boca. Aún se sentía nervioso; al salir, la enfermera le tendió una bata azul para cambiarse. Así lo hizo. Mareo.
Al terminar los estudios el doctor le informó que en ese momento le daría los resultados. Natalia en su cabeza, Natalia se enfadaría, solía ser puntual y también temperamental, pero…
Román acompaño al doctor a su consultorio. Cara seria. Malas noticias. Es una lástima, tan joven. Ni hablar.
Román salió del hospital. Natalia!...
Corrió, respiró, empujó, tembló, corrió, sudor por su frente. Dolor. Físico no, mental. Llegó rápidamente al lugar de reunión con Natalia, y con diez minutos de tardanza también. Una verdadera lástima. Enojada. Sólo fueron diez minutos, Natalia no quiso oírlo. Llegó tarde.
Natalia, es importante. No. Ya es tarde. Lo siento, un dolor en el lado derecho de la cabeza, un doctor, un tumor, por eso no llegué… ya es tarde, se me hizo tarde. Lo que no daría por una nota en mi cabeza, do, re, mifasollasi, tan solo un poco de inspiración para contentarte, para hacerte soñar de nuevo conmigo en Albión, para hacerte sonreír. Nada. Malas noticias.
Más dolor, ahora físico. Nervios. Sol. Fuerte sol que no me deja respirar. Cansancio. Román quería seguirla, pero ya no sentía las piernas, ella no escucho, solo caminó.
Román se dirigió más tranquilo hacia donde estaba más fuerte el sol, sus manos se encontraban heladas, necesitaba calor, tan solo un poco, para su cabeza, para su cuerpo.
Comenzó a imaginar cuando pudo haberse formado ese pequeño inconveniente en su cabeza, tal vez cuando escribió la canción más reciente, o cuando besaba tiernamente a Natalia, o cuando… ya no importa, que pena.
Ya no sentía su cuerpo, ya no quería sentir ninguna clase de dolor, nada en su cabeza, y el temor no parecía ceder. Ya tenía un refugio en él.
Román seguía pensando cómo perdió todo en menos de una hora, cómo le importaba ahora todo, tiempo, ilusiones, recuerdos. Esperaba que el sol, el calor lo ayudara a controlarse, para no caer en ese lugar.
Sucumbir al vacío es lo más complicado, al tomar la decisión le invade el temor, el dolor ya es insoportable, no le permite pensar, reír, imaginar.
Alzó la cabeza al sol y lo miró brillar como ya hace bastante tiempo no lo miraba, sonrío y recordó su mirada, y sintió un poco de dolor en su garganta, solo por un instante, pero resulto intenso. Derramó una lágrima.
Pensó en sí mismo para aclarar su mente. Miro sus manos y en ellas observó todas sus creaciones. Un genio. Idea fantástica que lo ayuda a sentirse superior. Un espejo. Mira tus ojos y enorgullécete, son tuyos y nadie más ve como tú lo haces, presúmelos y engrandécete. Único. Alza tu cara y no permitas que nadie te toque. Arrogancia.
Seguridad. Te llaman inseguro. Envidia. No son sus ojos. Ni el sol mismo puede desviarte la mirada. Una nota más en su cabeza. No mires a nadie, no merecen tus ojos.
Sin moverse, todavía no, hasta su sudor es valioso. Suelo afortunado que has almacenado dos gotas de él. Lugar mediocre que no lo merece. Comienzan las pulsadas en el lado derecho de la cabeza. Olvido.
El dolor se hace más intenso, pero ya lloró demasiado. Si, soy superior a todos, pero aún no es suficiente, no me dirigí a ti con ésta actitud. Mírame, solo tú puedes, yo lo quiero, yo lo pido.
Dolor innecesario que no debió aceptar, pero que buscó, dentro de él lo necesitaba para reaccionar. Más lagrimas. Enrojecimiento en los ojos, dificultad para respirar y dolor tremendo que dan ganas de querer gritar. Control, una vez más. Inmóvil.
Siguió la gente caminando, qué importa verlo morir, que se muera. Pasaron de lado.
|
|